El secretismo rodea la obra que Iñaki
Garmendia (Ordizia, 1972) proyecta para el próximo certamen de arte
Manifesta, que tendrá lugar en Donostia el mes próximo. Lo que este
guipuzcoano no esconde son sus referencias, muy ligadas a otro
artista guipuzcoano seleccionado para el certamen Asier Mendizabal,
con quien ya ha compartido un proyecto, el vídeo Goierri Konpeti,
lugar de nacimiento y, ahora, ciudad de residencia,
Bilbao.
Sin embargo quiere dejar claro que la presencia de
ambos en el certamen obedece a proyectos posteriores individuales,
pese a que coinciden en algunas de sus preocupaciones artísticas:
tomar referentes y signos culturales conocidos asociados a la
identidad vasca para articular un discurso fragmentario dirigido
hacia los elementos que configuran o definen nuestra percepción de
lo público y lo personal. «La gente tiende a etiquetarnos y a vernos
como dos artistas que trabajamos en equipo, pero hoy estamos
concibiendo trabajos diferentes».
Garmendia mostrará en
Manifesta una obra compuesta por dos grabaciones en vídeo
sincronizadas y enfrentadas: la primera, una grabación de un
concierto en Berlín de un grupo de punk alemán celebrado la noche
antes del 1 de mayo en una pequeña sala. Una efeméride que se vive
en la capital alemana rodeada de un fuerte dispositivo
policial.
Frente a ese vídeo, tomado en un acontecimiento
público donde sólo se ve a los músicos de espaldas y siempre aparece
enfocado el público presente en la sala, Garmendia ha dispuesto una
grabación en clave de performance en torno a la toma por un grupo de
personas de varios neochalets desocupados ubicados en una zona del
País Vasco. El artista ha buscado aquí provocar una narración rota
donde el paisaje resulta reconocible y, al tiempo que la
arquitectura resulta asociable a una estética de «lo vasco»,
articula un discurso visual en torno a la toma de un
espacio.
En ambos vídeos Garmendia juega y genera una acción
visual donde los códigos convencionales parecen remitir al
espectador a realidades concretas y reconocibles que el artista
busca aislar.
Su forma de trabajar remite a los trabajos de
Jon Mikel Euba, con quien Garmendia ha colaborado en alguna de sus
creaciones y en quien reconoce una poderosa fuente de inspiración.
Como él, maneja el fuera de contexto para provocar la ambigüedad de
los mensajes y sus aparentes referencias a hechos próximos que, en
términos generales, aluden a aspectos culturales, sociales y
políticos percibibles en el imaginario del País Vasco.
Pese
a trabajar con el formato vídeo, Garmendia se define y se ve a sí
mismo como «un escultor que, desde la escultura, se dedica a
construir y trabajar el vídeo desde planteamientos tomados del
universo escultórico convertidos en un vehículo creativo donde la
imagen le permite deconstruir y generar realidades en imágenes a un
nivel conceptual. «El medio me permite trabajar y generar
situaciones, precipitarlas en un intento de suspender el nivel de
significado», afirma.
Partiendo de realidades contestarias
como el punk o el movimiento okupa, lenguajes identificables tanto
en el País Vasco como a una escala universal, el artista guipuzcoano
revienta las etiquetas para hablar «de lo que conozco y no llegar a
conclusiones ante el espectador pero remitiéndole a cosas que él
también
conoce».