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CULTURA
MANIFESTA 5
Misha Stroj reflexiona sobre la utopía del arte y su reflejo en la sociedad actual
El esloveno muestra la dicotomía entre lo global y lo local
Stroj ha cubierto parte de la sala de exposiciones del KM. [JOSE USOZ]
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El espectador al que el arte contemporáneo le resulta un tanto ajeno tiene que enfrentarse a las obras que se van a poder contemplar en la bienal Manifesta 5, que se inaugura el próximo día 10, con la idea básica que el proceso de creación es tan importante o más que la obra en sí misma una vez concluida. A los jóvenes artistas les interesa más crear que exponer, y el concepto predomina claramente sobre el material. Un ejemplo claro de esta teoría es el esloveno Misha Stroj (1974) que estos días está preparando su trabajo, una investigación sobre la condición humana, en la sala de exposiciones del Koldo Mitxelena.

Stroj trata la escultura como un campo para sus experimentos filosóficos y la reflexión sobre es la materia clave en su obra. Medio en serio, medio en broma comentaba «aquí estoy de ocho de la mañana a ocho de la noche reflexionando», a la espera de que el espacio le vaya conduciendo. En total serán seis piezas, realizadas en papel, madera y cuerdas, -«porque todo es provisional y a través de la sugestión se pueden revalorizar los materiales»-, para las que ha creado un escenario específico porque «intento demostrar hasta qué punto puede influir el lugar como una traslación de la dicotomía entre global y local». Para ello realiza un intenso estudio que recoge en una serie de libros llenos de imágenes, textos y páginas de periódicos. «Es muy difícil no caer en los clichés. Si tomamos como punto de referencia San Sebastián la primera idea que viene a la cabeza a un extranjero es ETA. Luego llegas y te quedas con la impresión de que es la ciudad perfecta con su playa, su puerto, su gente abierta. Cuando profundizas un poco te das cuenta de que debajo de esa cara amable está el conflicto. Me gustan esas contradicciones porque son parte de la vida y demuestra que no hay nada perfecto».

Legitimidad

En sus reflexiones, una de las preguntas que se hace es «qué legitimidad tengo para venir aquí e intentar decir algo a la gente», luego les añade teoremas, imaginaciones, especulaciones absurdas para crear un sistema de dudas y soluciones que tienen un carácter frágil y efímero, todo ello a través de una combinación de elementos lingüísticos, matemáticos e incluso en muchos casos religiosos.

El primer paso dado para crear el marco para sus piezas ha sido cubrir el espacio abierto hacia el edificio del Koldo Mitxelena porque «se trata de un lugar público difícil de controlar por su fuerza». Aquí entra una de las contradicciones que marcan el trabajo de Misha Stroj porque «quiero mostrar mi obra, pero sin que esté demasiado expuesto y para eso opto por cubrirla». Por otro lado esa apertura hacia el infinito es un intento de reflejar que «en el arte todo es utopía, no creo que se pueda llegar a ningún sitio concreto. Me gusta la idea de exponer en un espacio como el KM, que en principio es una biblioteca pero que tiene un uso también artístico. Viene a reafirmar que todo es un conflicto permanente».

Las seis piezas estarán conectadas entre sí y se influyen unas a otras. «Esa es la magia con la que juega un artista, que los objetos hablen e influyan en su entorno, por eso son todas importantes, aunque creo que la principal es la número seis porque representa la utopía y es la más pública al poderse ver desde lo alto del edificio».

El electricista

En estas creaciones intenta reflejar la sociedad. «Hay unos espacios para llenar y yo me enfrento a ellos como artista, pero si viene un electricista vería las cosas de otro modo, un lugar donde poner unos apliques y unos enchufes, por eso todo tiene múltiples visiónes e interpretaciones».

Su forma de trabajar es casi obsesiva y maniática porque se sumerge en interminables análisis y combinaciones, de forma que le resulta basta complicado concluirlas. Unas piezas se ensamblan con otras para crear zonas anónimas donde los objetos y los materiales están en constante lucha para lograr un precario equilibrio entre su tosca apariencia física y su contrapartida intelectual e imaginaria. «Me gustan palabras como concepto, esencia y sobre todo utopía porque creo que en ella está la esencia de todo artista, tener unas ideas que son el fruto de una larga investigación y de una forma de entender la vida e intentar plasmarlas sin saber si lo vas a conseguir y sin tener la seguridad de que el espectador va a entender tu propósito».

Stroj comparte la sala del KM con otros ocho artistas que a través de su obra disertan sobre el vacío temporal y espacial, con temas como la nostalgia, el recuerdo, la amnesia y el olvido.

Vocento