Hace poco un mes el edificio de
Trintxerpe, conocido como Casa Cirizar, servía de almacén para la
maquinaria empleada en la limpieza de la zona de la bahía de Pasajes
tras la catástrofe del Prestige. Antes fue un secadero de bacalao.
El olor a petroleo y pescado se mezclan en sus tres plantas que
pronto se verán invadidas por varios de los artistas que van a
participar en Manifesta. Lo mismo sucede con el antiguo Astillero
Azkorreta, que pasó a pertenecer a la Diputación Foral de Gipuzkoa.
Ambos locales cumplen uno de los objetivos marcados por los
comisarios de la bienal, mostrar la degradación de una zona y sus
posibilidades de recuperación. Massimiliano Gioni y Marta Kuzma
tenían claro desde un principio que Pasajes era la extensión natural
de San Sebastián y que permitía reflejar la bipolaridad entre dos
tipos de urbanismo, el burgués y el industrial, con todas sus
tensiones.
Casa Cirizar tiene muy buena aceptación entre los
artistas que ya han pasado por allí para ver dónde van a instalar su
obra. La Autoridad Portuaria mostró su colaboración desde el
principio y ofreció varios lugares como la antigua ferretería
González, pero los comisarios nada más ver este secadero de pescado
lo considerado el lugar ideal.
Una luz cenital ofrece una
claridad que inunda una especie de patio central que se ocupará con
esculturas, mientras que en el resto de plantas, llenas de
recovecos, se reconvertirán en salas para las proyecciones de los
audiovisuales. Este último aspecto es complicado porque cada trabajo
necesita un proyecto distinto y unas condiciones de luz específicas
como los realizados por el checo Zbynek Baladrán o por Donostiako
Arte Ekinbideak formado por Peio Aguirre y Leire Vergara. Además, el
Instituto Berlage, un centro postgrado para arquitectos y urbanistas
que ha realizado un estudio sobre alternativas para la zona, también
estará presente aunque todavía no ha concretado qué elementos
aportará.
En Manifesta existe la ilusión de que este
edificio, una vez clausurada la bienal, tenga una continuidad como
espacio cultural, aunque esto estará condicionado por el proyecto
final que tenga toda la zona de la bahía de Pasajes.
El caso
del astillero Azkorreta en Ondartxo es distinto. Los comisarios de
la muestra se acercaron desde Pasajes San Juan hasta Puntas y vieron
un edificio medio abandonado con una gran palmera en una terraza y
la draga Jaizkibel al lado. Tuvieron claro enseguida que era el
lugar ideal para realizar una intervención. Las cosas se pusieron
más fáciles cuando pasó a formar parte del patrimonio del
Departamento de Cultura de la Diputación Foral.
Será Jan de
Cock quien realice una de sus obras en el exterior del local. Este
artista belga se define a sí mismo como un escultor, pero su trabajo
consiste en modificar los espacios empleando maderas naturales. En
ocasiones reinventa totalmente el edificio, mientras que en otras
resalta alguno de los usos que tenía antes. Además añade elementos
que pueden tener utilidad.
Una de las razones por las que De
Cock optó por intervenir en Ondartxo es que su futuro estará ligado
al trabajo artesanal y realizado con las manos, bien como una
prolongación del Museo Naval o como un taller de reparación de
embarcaciones.
Aunque tiene ya un proyecto sobre la obra que
va a realizar en Pasajes, el belga trabaja en función de cómo
evoluciona la pieza de forma que nadie sabe todavía cómo será su
aspecto definitivo. En teoría, tiene previsto actuar sobre el
exterior e interior del edificio, incidiendo especialmente en la
barandilla que se encuentra muy deteriorada.
Desde la
organización de la exposición el lunes 17 de mayo está marcado en
rojo. Será ese día cuando todos los artistas comiencen a montar sus
trabajos, aunque una semana antes todos los espacios tienen que
estar listos para su ocupación.